Inicio › Blog › Pitido tras un concierto
Sales del recinto, el coche está en silencio, y ahí está: un pitido agudo que esta tarde no existía. Es uno de los motivos más frecuentes por los que alguien busca «acúfenos» a la una de la madrugada. La buena noticia es que en la mayoría de las personas desaparece. La noticia útil es que lo que hagas en los dos próximos días importa.
En la mayoría de las personas, de unas horas a dos días. El oído se ha forzado más allá de su rango cómodo y necesita tiempo para asentarse. Un pitido que sigue ahí pasada una semana, o una audición apagada que no se despeja, merece una revisión auditiva.
Normalmente no. El pitido temporal tras un sonido fuerte es común y suele resolverse solo. Las exposiciones repetidas se acumulan, eso sí: cada noche ruidosa sin protección aumenta la probabilidad de que un día no desaparezca del todo. Los resultados varían considerablemente.
Un concierto se mueve entre 100 y 115 decibelios cerca del escenario. El oído interno tiene miles de células ciliadas que convierten la vibración en señales nerviosas, y a esos niveles trabajan al límite durante horas. Después, algunas quedan aturdidas de forma temporal. La audición se nota apagada, y el cerebro —que recibe menos señal de la que espera— sube su propia sensibilidad. Esa ganancia interna es lo que oyes como pitido.
Se llama desplazamiento temporal del umbral, y la palabra temporal es real: en la mayoría de las personas las células se recuperan y el pitido se apaga. Pero la investigación en animales ha mostrado que exposiciones que parecen del todo recuperadas en una audiometría pueden dejar una marca duradera en las conexiones entre células ciliadas y fibras nerviosas. Por eso importa más el patrón que una noche aislada.
Una sola exposición al ruido que produjo únicamente un desplazamiento temporal del umbral causó, aun así, una pérdida rápida e irreversible de sinapsis entre las células ciliadas internas y las fibras del nervio auditivo en ratones.
Kujawa SG, Liberman MC. Adding insult to injury: cochlear nerve degeneration after temporary noise-induced hearing loss. Journal of Neuroscience. 2009;29(45):14077–14085.No hay un reloj exacto, pero el patrón de abajo es el que describe la mayoría. Si tu experiencia se alarga en cada etapa, es motivo para tener más cuidado, no para alarmarse.
Dos cosas empujan el plazo en la dirección equivocada: colocarse pegado a los altavoces, y repetir antes de que el oído se haya recuperado. Dos noches seguidas castigan más la audición que las mismas dos noches con un mes de separación.
El oído se recupera mejor sin más ruido fuerte. Nada de auriculares a volumen, bares ruidosos ni herramientas durante un par de días. El silencio total no es el objetivo: una habitación muda hace que el pitido suene más alto, porque no hay nada que compita con él. Mira cómo dormir con acúfenos.
Un sonido grave y constante —ruido blanco, lluvia, un ventilador— reduce el contraste entre el pitido y la habitación. Mantenlo a un nivel cómodo y claramente bajo. No acelera la recuperación; hace la espera más llevadera y ayuda a dormir.
La recuperación ocurre sobre todo por la noche. Dormir mal también hace que cualquier pitido se note más al día siguiente, así que la primera noche cuenta doble.
Taparte los oídos, escuchar en silencio para comprobar si sigue ahí: todo eso mantiene tu atención sobre el sonido, y la atención es una de las cosas que lo mantiene alto. Déjalo en segundo plano.
Si al tercer día el pitido es claramente más bajo que la primera noche, vas por el camino normal. Si es igual o más alto, o un oído está mucho peor que el otro, pasa a la siguiente sección.
Esperar en silencio y comprobar constantemente. El oído hace su reparación a su ritmo; tu trabajo es dejar de añadir carga y dejar de buscarlo.
Si quieres un sonido esta noche, Tinnitus Relief App sigue sonando con la pantalla bloqueada y tiene temporizador con desvanecido. La versión gratuita basta para esto.
La mayoría de los pitidos tras un concierto solo necesitan tiempo. Unas pocas situaciones no, y conviene conocerlas antes de necesitarlas.
La exposición al ruido suele afectar a los dos oídos por igual. Un cambio en un solo lado merece una audiometría.
Una audición apagada que no ha empezado a despejarse al segundo día es la señal para pedir cita en lugar de seguir esperando.
No son típicos de una simple exposición al ruido y deben valorarse.
Puede que aún se apague, pero una audiometría ahora te da una referencia y descarta lo que necesite atención.
Si se da alguno de estos casos, la persona adecuada es un otorrinolaringólogo o un audiólogo. Una audiometría es rápida, indolora y te da un número con el que comparar más adelante.
Esta es la parte que decide si el pitido del concierto se queda en anécdota. La referencia de escucha segura que usa la salud laboral es 85 decibelios de media durante 8 horas, y cada 3 decibelios por encima reducen a la mitad el tiempo seguro. A 100 decibelios la ventana segura ronda los 15 minutos; un concierto de dos horas la supera con creces.
Los tapones para músicos atenúan todas las frecuencias por igual, así que la música suena bien, solo más baja. Los de espuma funcionan pero apagan los agudos.
El nivel sonoro cae rápido con la distancia. Veinte metros atrás y fuera del centro pueden ser 10 decibelios menos que la primera fila.
Diez minutos fuera o en una zona más tranquila entre grupos le dan al oído un respiro parcial.
Las apps de sonómetro del móvil son aproximadas pero útiles. Si marcan más de 100, tapones.
El pitido tras una noche ruidosa no es una sentencia. Es información. Los resultados varían considerablemente, pero quienes actúan con esa información suelen conservar la audición para las próximas décadas de conciertos.
El pitido tras un concierto se apaga antes cuando no estás en silencio escuchándolo. Pon un sonido bajo, activa el temporizador con desvanecido y deja que el oído haga su trabajo.